Lo que conlleva pasar de presencial a online

No es una novedad para nadie que nos encontramos inmersos en la “era de la información” y que ésta, ha estimulado una nueva sociedad caracterizada por la globalización económica y cultural y también por el uso de las nuevas tecnologías. Estos procesos de cambio se están produciendo también en la formación, donde se han implantado nuevas formas de comunicación (sincrónicas y asincrónicas), nuevos recursos didácticos y procesos de enseñar a aprender innovadores.

Afrontando la nueva situación

En esta situación la formación también ha evolucionado hacia la inmersión en el mundo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. La formación a distancia mediante la incorporación de las TIC, debe servir para derribar barreras. Barreras físicas, pero también, y más importante aún, las psicológicas que puede tener un/a alumno/a respecto a formarse a través de las plataformas virtuales rompiendo prejuicios.

Lo primero que cabe destacar es que en la formación virtual no basta con proporcionar al alumno materiales digitalizados, sino que es necesario reprogramar en conjunto toda la concepción y estructura de la formación para que resulte atrayente, interesante y tan válida como la presencial. Es momento de redefinir las acciones y rediseñar los contenidos para garantizar la consecución de los objetivos.

En la formación virtual el proceso de enseñanza-aprendizaje debe ser un proceso activo, que implique reconstruir la información integrándola con la que el/la alumno/a ya posee. Mientras hace un aprendizaje activo, el/la docente se convierte en un facilitador del aprendizaje y es el/la alumno/a quien asume la responsabilidad última de su proceso de aprendizaje.

Metodológicamente, en esta modalidad de formación, las actividades teóricas y prácticas deberán fomentar la reflexión y el aprender haciendo. Es un proceso dinámico donde tan importante es potenciar el trabajo individual como la colaboración en equipo. Mediante este trabajo colaborativo los/las alumnos/as pueden analizar desde diferentes perspectivas un mismo contenido de aprendizaje.

Para el diseño metodológico de la acción formativa en esta modalidad es necesaria la participación de diferentes profesionales. Se hace imprescindible la colaboración del docente, que aporta metodología didáctica, con aquellos profesionales que dominan las tecnologías y con los desarrolladores de contenido digital.

Pero ¿solo necesitamos reprogramar la acción y rediseñar los contenidos?

No. Llevar a cabo un proceso de enseñanza aprendizaje on-line requiere de un software que integre los contenidos, permita el desarrollo del curso por parte del alumno, la tutorización y seguimiento de éste por parte del tutor/a. Debemos contar con un sistema de comunicación que permita la comunicación multidireccional entre todos los roles: docente, alumnos, coordinadores, etc.

Es necesario contar con un entorno flexible, intuitivo y amigable que permita adaptarse a las necesidades de alumnos/as y profesores: un LMS (Learning Management System). Este entorno o sistema de aprendizaje debe ser diseñado con el objetivo de facilitar el proceso de enseñar a aprender por medio de la interacción del alumno con los materiales didácticos y también con el resto de los compañeros y su tutor.

Hoy más que nunca, todos los recursos que tenemos disponibles deben servir para promover un modelo de formación en línea efectivo, proactivo, resolutivo y que permita situar a la formación a la vanguardia mediante el aprovechamiento de las TIC.

Ester Castello

Docente especialista en Prevención de Riesgos