Ya hace casi una década que, desde el marco común de la competencia digital docente, se acordaron las líneas que identificaban sus competencias clave. En este proceso, participaron administraciones educativas, estatales, autonómicas y instituciones públicas, además de expertos externos, con el claro propósito de apoyo al plan de digitalización de las aulas y a establecer un marco estratégico para el desarrollo de estas competencias en la comunidad, docente y educativa.

Entre otros objetivos, se propusieron facilitar una referencia común, con una lista de competencias mínimas para su adquisición, que propulsara el necesario el uso de los recursos digitales en su labor docente, y que produjera un cambio metodológico, tanto en el uso de los medios tecnológicos, como en los métodos educativos en general.

Se acordó trabajar sobre una propuesta de 5 áreas de competencia digital relacionadas con la labor docente:

Área 1, de Información i alfabetización informacional, que incluyen las competencias de Navegación, búsqueda y filtrado de información, datos y contenidos digitales, Evaluación de información datos y contenidos digitales, y, Almacenamiento y recuperación de la información, datos y contenidos digitales.

Área 2, de Comunicación y colaboración, que integra las competencias de Interacción mediante las tecnologías digitales, Compartir información y contenidos digitales, Participación ciudadana en línea, Colaboración mediante canales digitales, Netiqueta y, Gestión de la identidad.

Área 3, de Creación de contenidos digitales, que abarca las competencias en Desarrollo de contenidos digitales, Integración y reelaboración de contenidos, Derechos de autor y licencias, y la de Programación.

Área 4, de Seguridad, con competencias como son las de Protección de dispositivos, de Datos personales e integridad, de la Salud y Protección del entorno.

Área 5, de Resolución de problemas, que incluyen las competencias en Resolución de problemas técnicos, Identificación de necesidades y respuestas tecnológicas, Innovación y uso de la tecnología digital de manera creativa e Identificación de lagunas en la competencia digital.

La identificación de estas 21 competencias digitales ha supuesto un paso muy importante para encuadrar las líneas de actuación en materia de retos hacia la mejora y el desarrollo de los profesionales. A lo largo de estos años, instituciones públicas dependientes de las administraciones educativas, como el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado (INTEF), además del despliegue de proyectos, estudios para la innovación y mejora de estas competencias, han realizado una gran aportación en cuanto a recursos, herramientas, y por supuesto formación especializada, así como un sistema de reconocimiento oficial para la acreditación de tales competencias, demostrables en distintos niveles de desempeño (básico, medio y avanzado). El sistema, sus recursos y acceso a todo tipo de información relacionada con el ámbito de las competencias digitales docentes, está a libre disposición de cualquier persona, que se pueda identificar como miembro de una comunidad profesional docente (sea maestro de escuela, profesor de instituto, formador ocupacional dentro del subsistema de formación profesional para el empleo, y por qué no, cualquier otro perfil de formador en ámbitos privados y/o de la empresa). En definitiva, hasta ahora se está avanzando en una clara línea de trabajo que permita que la labor de los profesionales de enseñar a aprender, sea acorde a todos los cambios educativos y tecnológicos que nuestra sociedad actual está afrontando. Cualquier persona interesada puede acceder a sus contenidos visitando la página del INTEF, www.intef.es.

Tal y como se menciona en el documento “Marco común de la competencia digital docente”, publicado en 2017 por el INTEF (se puede consultar el documento original aquí), según informes como los que presenta anualmente el estudio internacional TALIS de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), estamos a la cabeza en cuanto a la inversión de horas de perfeccionamiento del profesorado. A pesar de ello, la propia “Encuesta europea a centros escolares sobre TIC en educación”, refleja la opinión generalizada, en las encuestas, de los docentes que consideran “baja su capacitación para una plena integración de los medios tecnológicos”. Esto lleva a plantearnos la idea de que todos estos cambios, no pueden realizarse de un día para otro, sino más bien que hay que llevar a cabo pequeñas acciones en el día a día.

Pero realmente, ¿en qué punto nos encontramos a día de hoy, recién estrenado 2020? Y, si estos cambios profundos que deben acometerse, tanto cuestan de integrarse en el medio aula, ¿Cuáles son los retos para esta nueva década que recién estrenamos?

Para responder a la primera cuestión, es preciso tomar en cuenta lo que en esta última década se ha venido a mencionar la “Sociedad de la información”, también conocida como “Sociedad del conocimiento” o “Sociedad 4.0”. Daniel Bell, en su libro “El advenimiento de la sociedad post-industrial (Madrid, 2001. Alianza Editorial) ya nos hablaba de este concepto, en la década de los 70 del pasado siglo XX. Visionario en su tiempo, vislumbraba un futuro, donde el poder no surgiría de la posesión de los bienes (economía productiva) sino del conocimiento y de los posibles usos que repercutirían positivamente en nuestra sociedad (economía de valor añadido a través de servicios). Este dato es muy revelador dado que el mundo está cambiando a pasos agigantados y lo que ayer era una necesidad básica e incuestionable como es la educación, la formación, la capacitación (da lo mismo utilizar cualquiera de estos términos aunque tal vez mejor se defina como necesidad de aprendizaje) hoy se ha convertido en un alimento necesario, casi o a diario, y consumible en una multiplicidad de “presentaciones, emplatados, texturas, olores, sabores y propiedades nutricionales”, siguiendo con la analogía. Es decir, nos encontramos en un momento en el cual ahora más que nunca, el aprendizaje es un acto que se construye desde la socialización a nivel global del conocimiento, apoyando pues, las teorías socio constructivistas del aprendizaje, y por supuesto cualquier tipo de forma de aprendizaje basada en las metodologías experimentalistas.

Hoy día, cualquier persona puede aprender utilizando vías formales o informales, de una forma más rápida y actual. Aun así, también hay que tener en cuenta un elemento que en nuestra sociedad global debilita esta posibilidad. Y es el denominado factor de “brecha digital”. Este concepto, también acuñado y a veces referido con otras acepciones como, “fractura digital”, o “estratificación digital”, se refiere a “cualquier distribución desigual en el acceso, en el uso, o en el impacto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) entre grupos sociales” (Agusanoti & Anselmi, J. y otros. Actualizado a 9 de Enero de 2020. Brecha digital. Extraído de es.wikipedia.org). Esto implica la incipiente necesidad que tenemos, por un lado, de trabajar en una formación para permitir el salto cualitativo en los sistemas de aprendizaje del conjunto de la sociedad.

Para responder a la segunda cuestión, es preciso tener en cuenta, que cualquier dato del pasado, a tener en cuenta, puede no ser actualmente válido. Pero sí que es cierto que en este entorno V.U.C.A., acrónimo en inglés fraguado en la década de los 90 por soldados norteamericanos, que significa Volatility, volatil (V), Uncertatinty, incierto (U), Complexity, complejo (C)y Ambiguity, ambiguo (A), nos veremos obligados a adaptarnos a continuos cambios que trastocaran nuestras previsiones, planificaciones, reescribir y reinventar, de una manera “Agile”, las soluciones formativas en respuesta a las necesidades para el desarrollo de los individuos, en su faceta personal y/o profesional y de las organizaciones.

En P.H.R.O., trabajamos conjuntamente con las administraciones locales y entidades formativas y educativas para paliar esta problemática, desarrollando programas desde un uso pre-inicial como es a través de programas de Alfabetización digital, en la preparación para la certificación de pruebas de Acreditación de competencias TIC (actic.gencat.cat) y además, como no podría ser de otra forma, preparando a los formadores y formadoras de la nueva década, expertos y expertas en las áreas que describen su competencia digital docente. Y para ello desarrollamos el propio programa de especialización del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal), SSCE20 Competencias digitales para formadores y tutores según el “Marco común de competencia digital docente-DIGCOMP”, así como una diversa oferta de formaciones de especialización para la acreditación de algunas de las 21 competencias digitales, del Marco Común.

Sea como fuere, la formación debe continuar afrontando el reto del desarrollo con una mirada puesta en la persona, como nos gusta definirnos en la comunidad de expertos expertas docentes de nuestra organización. Os invito en nombre de todos y todas, a compartir este artículo y a sugerirnos ideas que contribuyan a este bien común, recurso que ha de ser inagotable para la vida misma, como es el de aprender.

Joan Izquierdo Cabello

CEO y Coach en PNL